En todo el mundo, las municiones de racimo lesionan y matan a civiles tanto durante como después de las guerras. Noruega ha tomado la iniciativa de comenzar un proceso conducente a una prohibición internacional contra las municiones de racimo con consecuencias humanitarias inaceptables.
Como un primer paso hacia la prohibición internacional contra las municiones de racimo, el Ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Jonas Gahr Støre, ha invitado a cerca de 40 Estados, organizaciones humanitarias relevantes, la Cruz Roja Internacional y organizaciones de Naciones Unidas a una conferencia sobre las municiones de racimo, a realizarse en Oslo los días 22 y 23 de febrero.
Las guerras y conflictos siempre afectan con mayor dureza a la población civil. Algunos tipos de armas tienen un impacto especialmente grave en los civiles, tanto durante el conflicto armado como después que este ha terminado. Esto se aplica, entre otras, a las minas terrestres y las armas de racimo. Aunque hay una prohibición internacional contra las minas terrestres, aún no existe prohibición alguna contra las armas de racimo.
Según el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), actualmente hay 23 países en desarrollo afectados por las municiones de racimo. Esto ocasiona grandes problemas humanitarios y de desarrollo. Los civiles siguen siendo mutilados y muertos durante muchos años después del término del conflicto; la tierra cultivable no puede ser usada sin riesgo para la vida y la salud, y los refugiados no pueden regresar a las viviendas desde las que huyeron. Algunos países, como Laos, Camboya y Vietnam, siguen siendo perjudicados por estos problemas, más de 30 años después que las municiones de racimo les afectaran inicialmente. El uso más reciente de las municiones de racimo en los Balcanes, en Irak y Afganistán, y últimamente en el Líbano, muestra el enorme impacto que tales municiones tienen en la población civil.
Muchos años de esfuerzo activo realizado por organizaciones de derechos humanos y humanitarias que trabajan en terreno con remoción de artefactos y ayuda a las víctimas, han contribuido a colocar este tema en la agenda internacional. Noruega es uno de los países que ahora exigen una solución a este problema humanitario.
Un proceso hacia la prohibición de las municiones de racimo
Actualmente no existe una prohibición directa contra el uso de municiones de racimo, aparte de las disposiciones generales de derecho internacional que exigen distinguir entre combatientes y civiles, como asimismo la prohibición de emplear armas que causen daños superfluos o sufrimientos innecesarios. Durante muchos años se ha discutido internacionalmente distintas medidas para regular su uso, sin que se hayan producido resultados concretos. En su programa, el Gobierno de Noruega se ha comprometido a trabajar a favor de una prohibición internacional contra las municiones de racimo, de manera similar a la prohibición contra las minas. La invitación del Ministro de Asuntos Exteriores Støre a la reunión de Oslo en febrero constituye un primer paso en un proceso que Noruega desearía concluya en un acuerdo internacional que prohíba el uso de municiones de racimo con consecuencias humanitarias inaceptables, que asegure que tales armas no sean distribuidas a nuevos actores y que genere asistencia para personas y países afectados.
¿Sirve de algo?
Noruega, junto con otros países y actores, trabajará a favor de la instauración de un acuerdo internacional sobre una prohibición de las municiones de racimo, aunque sabemos que varios países del mundo por ahora no favorecen una prohibición de tales municiones. ¿Puede entonces alcanzarse el objetivo planteado? Creemos que sí. Tenemos la experiencia de que fue posible conseguir una prohibición internacional contra un problema humanitario similar; las minas antipersonal. En la década de 1990, la humanidad tomó conciencia de la forma en que el uso prolongado de las minas antipersonal había ocasionado una amplia crisis humanitaria en países de todo el mundo. Las organizaciones humanitarias, interactuando con una fuerte alianza de países afectados por las minas y países con voluntad humanitaria, lograron conjuntamente iniciar un proceso que resultó en una prohibición internacional contra las minas antipersonal en 1997. Este año celebraremos el décimo aniversario de la Convención de Minas, a la que hasta ahora se han sumado 152 países. Las minas antipersonal prácticamente ya no son usadas y han sido removidas de grandes áreas, a la vez que miles de sus víctimas han recibido ayuda. Creemos posible llegar a una prohibición internacional similar contra las municiones de racimo mediante un proceso equivalente.