CONVENCIÓN SOBRE MUNICIONES EN RACIMO
ENTRADA EN VIGOR 1 AGOSTO 2010
Declaración de la Real Embajada de Noruega en México
2 de agosto 2010
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Queridos amigos de la Convención sobre Municiones en Racimo,
Antes que nada, quisiera agradecer a los anfitriones por organizar la celebración de este acontecimiento histórico.
El día de ayer, la Convención sobre Municiones en Racimo se convirtió en una ley internacional vinculante – tan sólo dos años después de haber sido aprobada en Dublín y menos de cuatro años desde que el proceso, que resultó en una Convención, diera comienzo.
En el mundo de la diplomacia multilateral esto no es poca cosa.
Esta Convención es sobre la prohibición de un arma, pero antes que nada, es sobre la gente. Ya que trata de evitar que las personas se vuelvan víctimas de las municiones en racimo. Y trata de asegurar una asistencia adecuada para aquellos que ya han sido víctimas de un arma que no discrimina.
Las municiones en racimo no distinguen entre soldados o civiles, tiempos de guerra o de paz. Matan y mutilan civiles mientras se usan, pero también después de que se ha terminado el conflicto.
La documentación de varias décadas sobre el impacto humanitario de las municiones en racimo fue lo que estimuló a la comunidad internacional a tomar medidas. El resultado es la prohibición exhaustiva de toda una categoría de armas convencionales.
Y, junto con la Convención sobre la prohibición de Minas Antipersonal, contribuye aún más a la estigmatización de las armas que son incapaces de distinguir entre combatientes y civiles.
La Convención ha estigmatizado el uso de un tipo de arma que, por décadas, ha causado daños humanitarios inaceptables a civiles; un tipo de arma que, hasta que empezamos el proceso para prohibirla, era vista como legítima e indispensable para muchos Estados.
La prohibición ha salvado muchas vidas pero, lamentablemente para algunos, la prohibición vino demasiado tarde.
Al igual que su predecesora ―La Convención sobre la prohibición de Minas Antipersonal de 1997―, la Convención sobre Municiones en Racimo no es sólo una prohibición a la producción, uso y almacenamiento, sino también crea una estructura de acciones positivas para enmendar el daño causado.
Al implementarse, la Convención dará lugar a mejoras concretas en las comunidades afectadas.
Los esfuerzos para limpiar áreas contaminadas con bombas en racimo se incrementarán. También se beneficiará a las víctimas de las bombas en racimo a través de un mayor compromiso con varios tipos de ayuda, incluyendo la médica y rehabilitación.
Pero lo más importante es que la convención puede prevenir el tremendo sufrimiento humano asegurándose que los cientos de millones de bombas en racimo nunca se usen.
La Convención sólo tendrá relevancia si nosotros, los Estados Parte, nos mantenemos a la altura de nuestro compromiso.
Por lo tanto, nuestro reto principal en los siguientes años será la implementación eficiente de todas las obligaciones consagradas en la Convención.
Si bien, los Estados Parte tienen la responsabilidad principal de limpiar y destruir los restos de municiones en racimo localizados en áreas bajo su jurisdicción o control, todos los Estados Parte en posición de hacer esto, tienen una obligación clara bajo el Artículo 6to de proveer ayuda y facilitar la cooperación en las áreas de asistencia a las víctimas, así como la limpieza y destrucción de los arsenales.
Esto es importante porque la Convención está fundada en una asociación de Estados afectados por los municiones en racimo al igual que en Estados que no han sido afectados, pero también por organizaciones internacionales y de la sociedad civil.
Sólo consolidando y aumentando esta asociación se puede asegurar la implementación total de la Convención.
Permíteme hacer una reflexión sobre la importancia de esta Convención para otros asuntos internacionales urgentes. La Convención es el primer acuerdo internacional de desarme en esta década; un papel que desarrollaba anteriormente la ‘Convención sobre la prohibición de Minas Antipersonal’.
¿Qué podemos aprender de estos dos procesos para superar los desafíos de la agenda de seguridad internacional? Yo creo que hay dos aspectos claves:
En primer lugar, el enfoque humanitario. Los dos procesos están fundados en amenazas tangibles y reales de seguridad contra gente común –por lo que utilizaron su situación como marco de referencia en el proceso político.
Representantes de organizaciones humanitarias y defensores de los derechos humanos estaban invitados a la mesa de negociación, para complementar la visión de los diplomáticos de desarme.
La contribución de la sociedad civil a los procesos fue fundamental. No hubiéramos alcanzado esta meta ambiciosa si no hubiera sido por la pericia y persistencia de la ‘Campaña para la Prohibición de Minas Terrestres’ y la ‘Coalición de las Bombas de Racimo’.
En segundo lugar, se comprendió que al fin y al cabo eran procesos políticos y tenían que manejarse como corresponde.
Durante años el movimiento de desarme había intentado crear soluciones o respuestas adecuadas para los problemas causados por las minas terrestres y las bombas de racimo.
Cuando el gobierno noruego en 2006 invitó a los Estados, la ONU, la Coalición de Bombas de Racimo, y al Comité Internacional de la Cruz Roja, para acompañarnos en una negociación para prohibir las bombas de racimo, la decisión estaba basada en un análisis político profundo:
La única manera de lograr una prohibición de este tipo era utilizando la experiencia obtenida en la ‘Convención sobre la prohibición de Minas Antipersonal’, y transformando lo que en principio sólo era un proceso técnico, en un proceso global, abierto e inclusivo, con un objetivo político y con razonamiento humanitario.
Muchas veces se culpa a la falta de voluntad política por la carencia de resultados en los trabajos internacionales.
Sin embargo, la voluntad política no es un recurso estático, que está en espera de ser utilizado, sino una fuerza dinámica que se tiene que crear, promover y cultivar.
Si hacemos buen uso de las experiencias positivas que hemos adquirido en la ‘Convención sobre la prohibición de Minas Antipersonal’ y la ‘Convención sobre Municiones en Racimo’, a lo mejor también podríamos tener éxito en otros proyectos.
Por lo tanto, debemos tener un enfoque humanitario, basar nuestras políticas en los sucesos de las áreas afectadas, y asegurar la inclusión de los actores relevantes de la sociedad civil, y no menos importante, será la inclusión de los que sufren las consecuencias del uso o la presencia de las armas en cuestión.
En los procesos de Ottawa y Oslo la participación de sobrevivientes y defensores de la sociedad civil fue decisiva, y suministró una contribución importante para lograr estas prohibiciones categóricas. La participación de los sobrevivientes en los procesos aseguró que las negociaciones tuvieran un enfoque realista de la situación actual en las áreas de conflicto.
Las opiniones y la experiencia de los sobrevivientes fueron, y siguen siendo, fundamentales para definir nuestro trabajo y nuestras misiones.
La violencia armada mata cada año a alrededor de 750, 000 personas. Con pérdidas humanitarias inaceptables, y con graves consecuencias para los derechos humanos y el desarrollo. Los ‘Compromisos de Oslo sobre violencia armada’ – aprobados por más de 60 países – asignan a los Estados acciones concretas que son fundamentales para prevenir y reducir la violencia armada.
Estamos aquí para celebrar que el 1ro de agosto de 2010 ha sido un día histórico. La entrada en vigor de la ‘Convención sobre Municiones en Racimo’ significa que esta cruel arma está prohibida en una gran cantidad de países, lo que permite aumentar la protección de civiles mediante la implementación de la norma que impide el uso de municiones en racimo.
El proceso de Oslo surgió como una respuesta al problema humanitario causado por el uso de las bombas de racimo. De forma tal que, la medición correcta del éxito de nuestro trabajo y de la ‘Convención sobre Municiones en Racimo’ debería, y tendría que ser, el cambio real propiciado en los campos de las comunidades afectadas.
Muchas gracias por su atención.